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29 octubre 2012

Ojalá Albano, que existiesen el diablo y el infierno

El genocida Albano Harguindeguy ha muerto. Preso, pero en su casa. Convicto, pero con varias causas pendientes y en trámite.

Durante años como ministro del interior de la dictadura fue el vocero de los designios procesistas, y también un frecuen
tador de la noche porteña.

Golpista, genocida y playboy, ese era su perfil y quizás por eso fue el elegido para entablar un primer amague de diálogo con intelectuales, artístas y políticos, cuyo principal objetivo era tratar de lavar la imagen del "Proceso", en los días cercanos al Mundial de Fútbol de 1978.

Sobre esto hay una leyenda urbana, que si bien fue desementida muchas veces, cada tanto se echa rodar de nuevo y suena a casi verdad. Dice este mito que a aquellos diálogos con "la sociedad" fue invitado David Lebón, quien sería un tiempito después guitarrista de Seru Girán, quien asistió a la cita junto con otros personajes de la época, preocupado y con miedo. De aquel encuentro dicen (pero repito: parece que no es cierto) surgió el tema "Encuentro con el Diablo".

Hoy Harguindeguy palmó y en su mochila se llevó muchos secretos e impunidad, por eso uno, aunque es bastante descreído de lo sobrenatural, qusiera que este caso concreto el infierno, el diablo y el purgatorio existieran para prolongar el castigo de este milico más allá de la oscuridad de su tumba.

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