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02 noviembre 2012

¡¡Malditos acredores casi que nos habían convencido de que querían que les garpemos!!


 Aparentemente todos los esfuerzos que hicieron durante décadas banqueros y organismos financieros internacionales para endeudarnos primero y cobrarnos después tenían un solo objetivo siniestro: lograr que Argentina no pague.

La ingente inversión de miles de millones de dólares, los lobbys y los políticos comprados, la imposición de tasas de interés, los planes de recate, el Brady, el blindaje y el acoso de los fondos buitres, tenían la misma meta: No recuperar nunca su guita.

Por eso la patriótica firmeza del discurso de ayer de Cristina Fernández de Kirchner, orgullosamente morocha y argentina frente al mundo, les ha abofeteado la cara a los capistostes de mundillo financiero y les ha espetado a boca de jarro: "Les vamos a pagar, les vamos a pagar, les vamos a pagar". Audacia nunca vista en ninguno de los gobiernos precedentes.

Esta firmeza -que duda cabe- abreva en la tradición impuesta por uno de esos presidentes ejemplares de la generación de 1880, Don Nicolás Avellaneda, quien prometió la sangre, el sudor y las lágrimas de los argentinos para pagar la deuda con la Baring Brotheres y mantener a salvo el buen nombre y honor de la Argentina. Tanto coraje no puede dejarnos indiferentes.

¡¡Yo también quiero pagar presidenta!! Si con eso le quebramos el espinazo a los usureros y los vemos atrapados por el horror y la depresión de ver llegar nuestros miles de millones de dólares a sus cuentas. Anoche me dormí imaginando la avalancha de banqueros que se lanzarían por las ventanas de sus instituciones de Wall Street acorralados por la angustia que les causa el pago argentino. Los soñaba corriendo asustados mientras los fajos de billetes de 100 U$S traídos desde nuestra patria bombardeaban impiadosamente sus cajas fuertes.

Tanto zurdo utópico nos ha engañado en estos años, y nos ha querido convencer de que la deuda era ilegítima, de que ya la habíamos pagado muchas veces, de que todas las transacciones con los organismos internacionales estaban atravesadas por la corrupcción, de que la deuda contraida por la dictadura era repudiable y gasadas por el estilo, que escuchar ayer a Cristina, diciendo algo tan novedoso como lo que dijo ayer, renueva mi confianza en el rumbo económico de la Nación.

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