Redes sociales

28 enero 2013

La demolición de la A.U.H.


De un tiempo a esta parte venimos asistiendo a un debate extraño alrededor del tema inflacionario, para algunos oficialistas se trata de una cuestión que no tiene mayor relevancia, para otros ha dejado de estar en el plano de lo anecdótico para transformarse en una traba para el desarrollo de la economía. Unos aducen que la discusión debe centrarse en cuál es la tasa inflacionaria realmente nociva para la economía, y se preguntan (como lo hizo Zaiat en su columna de hace un par de meses atrás) si es condicionante un 20% o un 40% de inflación. Otros aducen que la inflación es natural, culturalmente aceptable en nuestro país o incluso hasta deseable en un proceso de crecimiento económico, y que si bien hay abusos por parte de los "formadores de precios", en líneas generales ni la población ni la economía sufren mayores problemas con el nivel actual de subida de precios.

De hecho, hasta la propia presidenta cuando habla de inflación lo hace tratando de evitar la palabra maldita, como si obviando su pronunciación se conjurara su peligro. Del otro lado, para buena parte de la oposición la inflación es un problema del INDEC, o mejor dicho un problema ético sobre si el INDEC miente o no miente, lo cual es quedarse arañando la superficie y desconocer que el problema es mucho más profundo.

No hay en los números deformados INDEC una mera cuestión de embuste o un tema moral sobre si el estado nos puede o no engañar (de hecho lo hace y no hay harakiris colectivos), el telón de fondo es claramente político y económico. Hoy no tenemos cifras estadísticas confiables para dar las respuestas que millones de argentinos requieren, y la verdad es puro voluntarismo y un derroche de optimismo pensar que el solo pálpito de los funcionarios de turno puedan realmente traducirse en reflejos y respuestas adecuadas a "ojímetro".

El dato más ominoso sobre esta cuestión es como la inflación y la falta de actualizaciones correctas han esmerilado el poder adquisitivo de los salarios y de los planes sociales.

Según un reciente trabajo de CIPPES (el analisis completo en este link) y de acuerdo a su seguimiento del Índice Barrial de Precios, que releva los mismos productos y con la misma metodología del INDEC en comercios barriales, la Asignación Universal por Hijo, una de las mayores conquistas en el campo social en décadas, ha perdido el 54% de su poder de compra, especialmente en el rubro alimentos de la Canasta Básica.

El CIPPES explica:
"En sus inicios, octubre del 2009, una AUH equivalia al 12,99% de la Canasta BasicaTotal (CBT) para una Familia Tipo (4 miembros). Tres años después (noviembre 2012) una AUH solo puede comprar el 8,39% de la CBT Familiar. .La CBT Familiar se estimo en base a la CBT familiar publicada por el INDEC de diciembre de 2006, siendo actualizada hasta Octubre de 2009 con la variación del Rubro Alimentos y Bebidas del IPC Santa Fe. La Familia es compuesta por 2 adultos y dos niños.I nversa de coeficiente de Engel igual a 3,09.3 En relación a la CBT Familiar de 4 miembros, para noviembre de 2012. IBP-Córdoba."

Esta situación implica una demolición lisa y llana de la A.U.H., lo que transforma al tema inflacionario de un tópico secundario a un problema central no ya de la ciencia económica sino del campo social, porque por detrás de estos números fríos hay millones de argentinos pasándola mal y empeorando su situación.

Por supuesto aquí no hay inocencia por parte de los funcionarios. Transformar la A.U.H. de una herramienta de protección y promoción social a apenas otro subsidio a la pobreza, es un objetivo claramente de derecha e implica que nuevamente los ajustes los pagan los sectores más vulnerables. Lo sucedido con el Programa de Seguridad Alimentaria es un ejemplo en ese sentido ya que desde su lanzamiento a la fecha ha perdido más del 70% de su poder adquisitivo, y es necesario aclarar que este plan fue justamente pensado para responder a necesidades acuciantes de sectores en situación de indigencia desesperada.

Si queremos honestamente defender la A.U.H. y todos aquellos planes que atienden a la pobreza estructural de la Argentina, es inevitable asumir el compromiso de exigir que los mismos sean reajustados con una periodicidad mayor y que dicho reajuste siga un índice REAL de aumento de precios, al menos en el tema alimentos.

2 Comentan sin ponerse colorados:

Sergue dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Sergue dijo...

El informe del CIPPES es inconsistente metodológicamen te. Los datos de dicho informe, , no sostienen sus propias conclusiones. Está comparando para noviembre de 2009 una canasta básica que es la del INDEC, actualizada desde el 2007 por el IPC de Santa Fe, con una canasta para el 2012 con los precios barriales, no tenemos manera de saber si la diferencia se debe a un aumento efectivo mayor de los precios o a diferencias entre las dos canastas, necesitaríamos tener la canasta barrial a noviembre de 2009 para poder saberlo, y en apariencia el CIPPES no la tiene (o no la utiliza en su informe)

2)Aunque consideremos que el informe es correcto, que sea necesario un 54% de aumento en la asignación para mantener su poder de compra indicaría un deterioro del poder de compra del 35% aproximadamente (1/1.54*100)y no del 60%

Saludos.