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14 abril 2015

Gestión Bonaparte



Napoleón Bonaparte, además de ser un estratega militar sin igual en su época, desarrolló un ego pocas veces equiparado por otros líderes. Sus escritos y proclamas estaban impregnados de referencias personales y de la palabra YO estampada sin ningún pudor ni atisbo de falsa o real modestia.

Tal era la fama de gran egocéntrico de Bonaparte que como ejemplo tangencial se nos viene a la memoria aquella famosa carta autoelogiosa que Carlos de Alvear le escribiese a José de San Martín, donde el Libertador -mordaz como siempre- subrayó todas las veces que Alvear se jactaba de algún éxito o usaba la primera persona del singular como si en vez de una pluma usara para escribir pura metralla de YO; y al final, sobre un borde, con su caligrafía prolija pero apurada San Martín acotaba entre signos de admiración "ni Napoleón".

Hoy, que el ego político cotiza más que las victorias reales, el marketing dicta que en cada obra pública -por insignificante que sea- en cada publicidad estatal sea radial o televisiva, hace falta colgarle el cartelito de "Gestión Mengano". Y es que a todos los menganos metidos a funcionarios que andan dando vueltas, les trina entre las neuronas la pobre idea de que el autobombo los salva y les da votos.

Si bien estos son tiempos donde los personalismos son fuertes y la publicidad necesita de síntesis para crear impacto, de vez en cuando hay que acordarse de que hoy a Carlos de Alvear se lo recuerda poco y nada, porque sus políticas de sumisión con Inglaterra y Brasil solo representaban a un pequeño grupo de comerciantes porteños, sin otro objetivo que su enriquecimiento personal. En cambio San Martín, que se encarnó personalmente en un proyecto colectivo, que una y otra vez debió luchar contra la tentación que dan el poder y los entornos halagadores, que usó siempre el "nosotros" antes que el "yo", que admitió más de una vez haberse equivocado y que jamás pidió a los suyos algo que él mismo no fuese capaz de llevar adelante, ocupa un lugar central en nuestra historia como nación y en el proyecto que muchos argentinos queremos para ella.

Por eso nos parece que a la larga lo que vale y lo que queda es lo que aportamos en yunta para cambiar la historia.

Ah, nos olvidábamos: "Gestión La Runfla"

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