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14 noviembre 2015

París está tan lejos y tan cerca

Cuando suceden cosas como las que ocurrieron en Francia ayer te quedás sin palabras. Lo que se te ocurre te parece poco, los adjetivos se vuelven inútiles, repetidos y se desvanecen. No podés hacer otra cosa que pensar en esas 140 personas que de golpe fueron asesinadas de un tirón.

En el fondo sabés que hay razones que ayudan a explicar lo que pasó, y pensás en el colonialismo y divagás sobre la criminalidad de los fanatismos, y hasta te sumás sin darte cuenta a alguna teoría de los demonios internacionales o querés descubrir confabulaciones de bandera falsa... pero igual no alcanza. 


Y no alcanza porque te vienen a la cabeza las palabras del Che, esas que hablaban de sentir como propias las injusticias que se cometen contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Y lo de ayer fue tremendamente injusto, como son injustas las matanzas en la Franja de Gaza, como son injustos los bombardeos en Siria, como son injustas todas las campañas de occidente para hacerse del petroleo en Medio Oriente.

Pero igual no alcanza. Todo se queda corto. Todo es nada.

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