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21 abril 2016

Macri en el espejo de De la Rúa. Una ilusión engañosa


Últimamente muchos amigos y amigas se regodean pensando en que tras el endeudamiento masivo que encara Macri su destino es el de De la Rúa. Pero pensemos un poco, no seamos mecanicistas ni tampoco ignoremos nuestra historia.
Estos endeudamientos rabiosos fueron en otras oportunidades la llave para la estabilización de modelos antipopulares. Durante la dictadura Videla y Martínez de Hoz lograron aire político y consenso social no solo a través del miedo sino también gracias a los miles de millones de dólares que consiguieron de la banca internacional. Algo parecido sucedió con el gobierno de Menem, que venía altamente condicionado por la salida traumática del gobierno de Alfonsín -hiperinflación mediante-; y después de un año de caminar en la cuerda floja pudo salir adelante gracias a un gigantesco chorro de dólares habilitado por los prestamistas de siempre.
El 1 a 1, más allá de la aberración económica que implicaba a mediano plazo fue el oxígeno que el menemismo utilizó para establecerse como la principal fuerza política que dominó la escena durante todos los años 90. Y ese plan / modelo se apalancó con los créditos que llegaban del exterior sumado al dinero de las privatizaciones. Y les quiero recordar, por si hace falta, que Menem ganaba elecciones con un amplio apoyo popular ¿...y por qué creen que ganaba, por carismático, por peronista? ¿por qué piensan que Menem se terminó, solamente porque era corrupto...?
Macri necesita los créditos del exterior para transitar ese camino, para consolidar un modelo político y para quedarse en el poder no uno sino varios períodos. Metanselo en la cabeza: ni Macri es la imagen en espejo de De la Rúa, ni estos son los 90 o el 2001, ni hay un helicóptero sobrevolando la Rosada. Pensar de esta forma asegura un pasaje al fracaso. Avizorar que la salida de Macri va a ser de la mano de una crisis como la del 2001 no solo es desesperanzador y derrotista sino que implica que desde el campo popular lo dejaríamos avanzar hasta llevar al país a la bancarrota, y eso sería calamitoso, por sus costos sociales y por sus costos en vidas.
Nuevas coyunturas políticas necesitan de nuevas ideas para afrontarlas sin descartar las experiencias del pasado y sobre todo sin menospreciar al adversario.